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Curicaueri (Tirepenie Curicaueri, Curicaveri, Cuiricaveri, Curicaberi).

Dios de los chichimecas vacuxecha.

Curicaueri era el principal dios de los chichimecas. Su historia y las fiestas que se hacían en su nombre se describían con detalle en la primera parte de la Relación, ahora perdida, pero en la segunda parte del documento hay suficientes datos sobre las características del dios y, en cierta forma, el relato del petamuti es la historia de Curicaueri. De hecho, el relato comienza con la llegada de Curicaueri a Zacapu donde "inició su señorío" y, como aclara el autor de la Relación, todo lo que contaba el petamuti (todas las guerras y hechos) se lo atribuían a Curicaueri.

Curicaueri estaba directamente relacionado con la guerra, la cual se hacía en su nombre y siguiendo las indicaciones que los padres del dios (los dioses del cielo) le habían dado. A veces hacía que los enemigos de los chichimecas se enfermaran y así éstos podían vencerlos más fácilmente; en parte por eso se creía que era él quien capturaba a la gente en la guerra y también era él quien la mataba en batalla. Los padres de Curicaueri también le dijeron que conquistaría toda la tierra, le dieron una argolla de oro y las sogas para atar a los cautivos tomados en la guerra y le indicaron que habría alguien en su lugar (el cazonci) para hacer que la gente llevara leña a los templos. Le aconsejaron, además, que no empezara la guerra pero que se defendiera si sus enemigos lo atacaban y que se apropiara de las joyas de los pueblos conquistados. Por otro lado, en la ceremonia de la guerra el hiripati pronunciaba una oración para el dios del fuego que el propio Curicaueri había ordenado. En la única lámina de la Relación en que aparece Curicaueri (cuando se le presenta en sueños a Hiripan) se le representa con rasgos humanos y de manera muy similar a los guerreros, aunque sin plumajes en la cabeza. En el texto Hiripan lo describe como alguien que parecía señor con una "guirnalda" de cuero blanco y un bezote pequeño. A la mujer de Ucareo que presenció el concilio de los dioses, sin embargo, se le apareció como un águila blanca que tenía una verruga en la frente. Las plumas blancas, de garza, parecen haber estado asociadas a Curicaueri.

Pero también se dice que Curicaueri era una piedra (probablemente un núcleo de obsidiana) de la cual se extraían navajas o pedazos que se le daban a los señores para que hicieran conquistas en su nombre o para que ocuparan un determinado lugar. De hecho, tener la piedra era un requisito para ser señor. Ésta se guardaba en un arca, se envolvía con mantas y pieles de venado, se ponía en un altar o troje y se le hacían ofrendas de comida. Posiblemente la piedra estaba presente en algunas ceremonias, por ejemplo durante el matrimonio de los señores pues las mujeres de éstos eran, en primer lugar, de Curicaueri; los sacerdotes de Curicaueri la llevaba a la guerra y los señores dormían a su lado para quitarle el frío.

Los atavíos de Curicaueri se guardaban en la llamada casa del aguila, la cual estaba dedicada al dios. Las mujeres hacían mantas para Curicaueri y los hombres participaban en las guerras para defenderlo. Curicaueri estaba estrechamente relacionado con el fuego y quizás por eso los señores acostumbraban teñirse el cuerpo de negro, con humo, lo cual hacían por amor y honra a Curicaueri. En una ocasión se da a entender que se le alimentaba con leña y frente a sus templos había fogones donde ardía el fuego contínuamente.

El principal asiento de Curicaueri era Pátzcuaro, aunque desde la llegada de Ticatame a Zacapu se le trasladó a muchos sitios. En la época de Hiripan, Tangaxoan e Hiquingaje el tesoro de Curicaueri y probablemente el mismo dios (la piedra) se trasladó a Cuyacan (Ihuatzio) y en la época de Zizispandaquare se le llevó a Mechuacan (Tzintzuntzan).