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Datos para citar este texto:
Jerónimo de Alcalá, Relación de Michoacán, Moisés Franco Mendoza (coord.), paleografía Clotilde Martínez Ibáñez y Carmen Molina Ruiz, México, El Colegio de Michoacán, Gobierno del Estado de Michoacán, 2000, p.327
Folio p en ediciones
43 v 327

Pues entraron en consulta los viejos que habían quedado de las enfermedades,
sobre alzar otro señor y dijéronle a Zinçicha: "señor, sé rey." ¿Cómo ha de que-
dar esta casa desierta y anublada? Mirá que daremos pena a nuestro dios Curí-
caberi. Algunos días haz traer leña para los qúes." Respondió Zinçicha:
"no digáis esto, viejos. Sean mis hermanos menores y yo seré como padre de
ellos; o séalo el señor de Cuyacan llamado Paquíngata." Dijéronle: "qué dices,
señor? Ser tienes señor. ¿Quieres que te quiten el señorío tus hermanos me-
nores? Tú eres el mayor." Dijo el cazonçi después de importunado: "sea
como decís, viejos, yo os quiero obedecer. Quizá no lo haré bien; ruégoos que
no me hagáis mal, mas mansamente apartame del señorío. Mirá que no ha-
bemos de estar callando. Oí lo que dicen de la gente que viene, que no sabemos
qué gente es; quizá no serán muchos días los que tengo de tener este cargo."
Y ansí quedó por señor. Y sus hermanos mandólos matar el cazonçi nuevo
por inducimiento de un principal llamado Timas, que decía al cazonçi
que se echaban con sus mujeres y que le querían quictar el señorío y quedó
solo sin tener hermanos. Y después lloraba que habían muerto sus hermanos y echaba la
culpa a aquel principal llamado Timas. Y vino nueva que había venido un español
y que había llegado a Tiximaroa en un caballo blanco, y era la fiesta de Puré-
coraqua, a veinte y tres de hebrero, y estuvo dos días en Taximaroa y tornó-
se a México. Desde a poco vinieron tres españoles con sus caballos y llega-
ron a la Cibdad de Mechuacan, donde estaba el cazonçi. Y rescibiólos muy bien
y diéronles de comer y envió el cazonçi toda su gente, entiznados, a caza,
muy gran número de gente, por poner miedo a los españoles y con muchos ar-
cos y flechas, y tomaron muchos venados y presenctáronles cinco venados
a los españoles, y ellos le dieron al cazonçi plumajes verdes y a los señores. Y el
cazonçi hizo componer los españoles, como compunían ellos sus dioses: con
unas guirnaldas de oro y pusiéronles rodelas de oro al cuello y a cada uno le pusieron
su ofrenda de vino delante, en unas tazas grandes, y ofrendas de pan de bledos
y frutas. Decía el cazonçi: "estos son dioses del cielo". Y dióles el cazonçi mantas
y [a] cada uno dió una rodela de oro. Y dijeron los españoles al cazonçi que querían
rescatar con los mercaderes que traían plumajes y otras cosas de México,
y díjoles el cazonçi que fuesen, y por otra parte mandó que ningún mercader ni
otro señor comprase aquellos plumajes. Y compráronlos todos los sacrista-
nes y guardas de los dioses, con las mantas que tenían los dioses diputadas para